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Utilizar el sentido común

Manual del Inversor – Parte II

En el primer artículo de esta serie que se espera que sea un “mini manual”, habíamos escrito sobre como planear la inversión en bolsa. Este segundo artículo tiene como título “utilizar el sentido común”, ¿por qué? Porque la bolsa es un negocio como cualquier otro. Nadie en su perfecto juicio va a abrir una fábrica de pastelería si nunca ha hecho una formación mínima como pastelero. En bolsa es igual. Si todos entendemos y comprendemos que es normal pagar por una formación profesional o la universidad, entonces es normal pagar para hacer un curso de bolsa.

Debe saber que después de acabar la teoría, empieza el curso práctico. Cuando se abre la cuenta con una correctora, a lo largo de los primeros 6 meses no se debe aplicar más del 10% del capital. La razón es porque esa cantidad debe formar parte de su coste de aprendizaje. Va a estar practicando aquello que aprendió.

La razón para entender esto es sencilla. Es fácil ganar poco en bolsa, es fácil perder mucho cuando no se tiene una noción de lo que se hace, y es difícil ganar mucho y perder poco, a menos que se tenga suerte y con suerte también se puede ganar la lotería.
Vamos a suponer que ha tomado la decisión de ser un inversor más activo en el mercado porque imagina que le va a gustar la adrenalina de los movimientos de los títulos. Esto quiere decir que en su plan ha considerado ser un inversor de corto plazo y no de largo plazo. Esta decisión es importante porque definirse como inversor tendrá estrategias de acción diferentes.

Vamos ahora a las recomendaciones:

En los primeros 6 meses lo que importa no es ganar en bolsa, lo que importa es hacer las cosas bien en bolsa concorde a la estrategia que aprendió. Haciendo las cosas correctamente, las ganancias acabarán por ser naturales.
Hacer bien las cosas implica tener un límite de pérdida en su cartera, que deberá ser definido en su plan de trabajo.
Hacer bien las cosas implica saber que las ganancias en bolsa no son suyas hasta que salgan de la Bolsa y lleguen a su bolsillo.
Hacer bien las cosas implica controlar sentimientos como el miedo, la avaricia y el orgullo.
La humildad en el mercado es completamente determinante, porque es un continuo aprendizaje y hay que tener la noción de eso. Un inversor con 20 años de mercado lleva una cierta ventaja sobre uno que lleve 2 años, porque ya tuvo ocasión de ver más cosas en Bolsa y por eso, de aprender más, pero hasta esta persona de 20 años sabe que continúa aprendiendo.
Los mercados están formados por ciclos, los de alta y los de baja, y estos ciclos llevan años, por lo que quien no ha vivido todavía la experiencia de ambos ciclos entonces tiene que tener la humildad de entender que todavía no lo ha visto todo.
Usar el sentido común es no fantasear con la Bolsa, sino hacer inversiones como si fuera un trabajo más, con la intención de ganar dinero con el respeto que cualquier negocio exige. Es naturaleza del ser humano engañarse con ilusiones y que nos guste engañar a los otros con estas mismas ilusiones.

En su negocio en bolsa, el factor más importante es el precio. Solo existe uno, aquel que está en la Bolsa. No aquel que le gustaría tener, ni aquel que pensaba que iba a tener. Sobre este precio debe decidir el límite de su pérdida y el objetivo de sus ganancias. Sobre este negocio que está dispuesto a realizar de manera racional en función de los deberes que hizo, cumpliendo con todas las reglas establecidas, no existen sentimientos o empatías particulares para con el título, ni juicios de valores sobre si es caro o barato, se tiene muchos compradores o pocos vendedores.

La realidad está en verificar si el título en causa está subiendo o bajando en relación con su precio de entrada, y esperar hasta que llegue uno de los límites que colocó para vender con ganancias o con pérdidas. No es difícil, requiere disciplina y sensatez.

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