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Cómo rebalancear la cartera a medida que pasan los años

Una cartera bien diversificada debe estar compuesta por diferentes clases de activos con perfiles de riesgo diversos. Acciones en diferentes sectores y países, y bonos con diferentes plazos de vencimiento y nivel de riesgo crediticio son algunos de los componentes más importantes a tener en cuenta.

Si bien la asignación de activos se construye en base a una mirada de largo plazo, es muy importante tener en cuenta que la misma no es estática en el tiempo. Por el contrario, a medida que pasan los años es recomendable, incluso necesario, reducir el nivel de riesgo y la volatilidad que estamos asumiendo.

Retorno, volatilidad, y horizonte temporal

Un principio básico de las finanzas es que existe una relación directa entre volatilidad y retorno esperado de un activo, es decir, los activos más volátiles tienden a generar mayores retornos a largo plazo y viceversa. Adicionalmente, diversificar la cartera en diferentes clases de activos es una estrategia muy efectiva para optimizar la relación entre riesgo y volatilidad a nivel agregado.

Si tomamos por ejemplo el período comprendido entre 1928 y 2017, el retorno promedio anual de las acciones en EE. UU. es de 12%, mientras que la volatilidad es de 20% anual medida en función de la desviación standard. Los bonos del tesoro de EE. UU. a diez años de plazo tuvieron un retorno anual compuesto de 5% y una volatilidad de 8% en ese período. Por su parte, las letras del tesoro de EE. UU. generaron un retorno anual de 3% y una volatilidad también de 3%.

Como vemos, la relación entre retorno y volatilidad es bastante clara en el largo plazo. Combinando diferentes clases de activos podemos diseñar una cartera bien diversificada que ofrezca una combinación de riesgo y retorno adecuada a las necesidades de cada inversor.

Ahora bien, es importante tener en cuenta que estas necesidades cambian a medida que se acorta el horizonte temporal de la cartera. Los inversores suelen planificar sus inversiones con un objetivo determinado, por ejemplo, financiar el retiro o la compra de una propiedad son algunos de los objetivos más habituales de una cartera de inversión.

Cuando el objetivo está lejano en el tiempo, esto quiere decir que el horizonte temporal de la cartera es de más largo plazo. Siempre recordando que retorno y volatilidad van de la mano, una cartera con un horizonte de largo plazo puede pretender mayores retornos asumiendo mayor volatilidad que una cartera de inversión con un horizonte temporal de corto plazo.

El razonamiento detrás de este concepto es bastante simple e intuitivo. UUna cartera de largo plazo cuenta con mucho tiempo disponible antes de empezar a liquidar las posiciones, entonces ante una etapa de retornos decepcionantes es altamente probable que los precios se recuperen en el tiempo.

En cambio, un inversor con un horizonte de corto plazo no puede esperar demasiado tiempo para empezar a liquidar sus tenencias. En este caso se corre el riesgo de tener que vender a precios poco atractivos en caso de que se aproxime un mercado bajista. Por lo tanto, un inversor con un horizonte temporal más breve tiene mayor necesidad de reducir los niveles de volatilidad en la cartera.

Estrategias para reducir la volatilidad de la cartera

Supongamos el caso de un inversor que está ahorrando para la jubilación. Cuando faltan 10 años para la fecha de la jubilación podemos decir que la cartera tiene una elevada tolerancia a la volatilidad. En un horizonte de 5 años esa tolerancia al riesgo se reduce a un nivel medio, y cuando falta menos de un año para la fecha de la jubilación estamos frente a una cartera con una tolerancia muy baja al riesgo.

Con el objetivo de reducir el nivel de riesgo ante un acortamiento del horizonte temporal el inversor puede tomar diferentes medidas que tienen como objetivo reducir la volatilidad de la cartera. En primer lugar, el paso más importante es reducir la ponderación de acciones en la cartera e incrementar el porcentaje invertido en bonos de bajo riesgo.

Ante una recesión, los precios de las acciones tienden a caer, mientras que los bonos de bajo riesgo tienden a aumentar de precio a medida que los inversores en todo el mundo buscan refugio en activos de calidad. De ese modo, una mayor ponderación de bonos de bajo riesgo implica que la cartera está en mejores condiciones para superar una etapa de turbulencia en el mercado financiero.

En este sentido es importante prestar atención a los plazos de vencimiento de los bonos. Si se trata de instrumentos de largo plazo, estos pueden resultar vulnerables ante un aumento en las tasas de interés de mercado. Así como el inversor necesita protegerse frente al riesgo de una recesión y un aumento de la aversión al riesgo en el mercado de acciones, debe ponerse atención al riesgo de subidas de tasas de interés a la hora de gestionar la asignación de bonos dentro de la cartera

Otra estrategia de rebalanceo muy recomendable es modificar la composición dentro del segmento de acciones. Por ejemplo, se puede incrementar el foco en acciones con altos dividendos para que las distribuciones de efectivo representen una mayor parte de los retornos de la cartera.

Los retornos de las acciones básicamente pueden provenir por dos caminos diferentes, ganancias de precios o distribuciones de dividendos. Los movimientos de precios son difíciles de predecir, y los mismos pueden ser tanto al alza como a la baja. Por otro lado, las compañías de alta calidad suelen pagar dividendos estables o incluso crecientes en el tiempo, lo cual implica retornos mucho más estables y predecibles para el inversor.

Cuando se acerca la etapa de la jubilación es muy beneficioso contar con distribuciones en efectivo para financiar las necesidades de gastos personales sin la necesidad de tener que vender posiciones. Por lo tanto, muchos inversores suelen inclinarse por las acciones con buenos dividendos a medida que se acorta el horizonte temporal de la cartera.

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