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Si eres ahorrador, esto es para tí

 

Con el interés compuesto es posible poner a trabajar tu propio dinero

Ahorrar dinero y qué hacer con nuestros ahorros son desafíos que todos conocemos, pero muy pocos hemos recibido educación sobre ello. Menos el legendario consejo de no gastar todo lo que tenemos y ahorrar para los tiempos difíciles, en general, no nos han educado ni asesorado sobre cómo ahorrar y, en especial, sobre qué hacer con nuestros ahorros. Este problema es una preocupación creciente, con las dificultades cada vez mayores de los sistemas de seguridad social en todo el mundo y la creciente necesidad de que cada uno de nosotros construya su propia red de seguridad para los tiempos difíciles.

Entonces, cuando se trata de nuestros ahorros, no hay forma de evitarlo:

  • Planificar: Hay que entender los gastos, elaborar un presupuesto, reducir los desnecesario. Al principio, va a costar, pero después es asombroso como descubrimos que hay gastos completamente absurdos, ¡echa un vistazo cuidadoso a la lista del supermercado!
  • Ahorrar: Todos los meses, y todo lo que se pueda. Esto será vital para el resultado final.

Después de revisar el presupuesto mensual y determinar cuánto dinero puedes ahorrar mes a mes, hay que pasar a la siguiente fase: Conseguir que el dinero trabaje por nosotros. Y es aquí donde las cosas se ponen interesantes. Se puede conseguir gracias al concepto “interés compuesto”. No es física cuántica ni finanzas avanzadas, es la mera idea de reinvertir las ganancias de las inversiones, y poder obtener intereses o dividendos mayores a partir de ellas.

Veamos un ejemplo:

Imaginemos que tienes ahorros de 10.000 dólares, con un interés del 5% anual. Durante el primer año ganaste 500 en intereses, lo que puedes optar para gastar o reinvertir. Si lo gastas, los intereses en el segundo año volverán a ser 500. Sin embargo, si lo reinviertes, al final del segundo año tendrás 525. Entonces en lugar del 5% original, en comparación con la inversión inicial, obtendrás un interés del 5,25%. Esto, pensando a lo largo de varios años, evidentemente hará crecer tus ahorros de manera exponencial.

Otro ejemplo:

Imaginemos que Antonio, Beatriz y Carlos han comenzado un plan de ahorro para su jubilación. Los 3 tienen 10.000 dólares como capital inicial. Todos ahorran 3.000 al año (250 por mes durante 12 meses) y todos quieren jubilarse a los 65. También tienen la misma tasa de retorno en sus depósitos. La diferencia es que Antonio tiene 25 años, Beatriz 35 y Carlos 45. En este escenario, llegarían a jubilarse con los siguientes resultados:

Inicial Años Jubilación
Antonio 10000 40 432799
Beatriz 10000 30 242536
Carlos 10000 20 125731

 

Con el impacto del interés compuesto, aunque Antonio haya ahorrado el doble que Carlos, sus ahorros son más de 3 veces superiores a los de este último.

Como Carlos empezó más tarde a ahorrar, para llegar a la misma cantidad que Beatriz, tendría que ahorrar 542 dólares por mes.

Un problema es que es difícil encontrar un banco sólido que pague un 5% anual en depósitos en dólares estadounidenses. Por eso, el recurso más común es realizarlo a través del mercado de capitales, ya sea a través de acciones o de bonos. Podemos analizar eso con inversiones en el mercado de valores, por ejemplo, a través del S&P500, el índice líder de la Bolsa de Valores de los Estados Unidos.

Al invertir en el S&P 500, de hecho, se está invirtiendo en las empresas más representativas de los Estados Unidos. En el desarrollo de sus operaciones, estas compañías (con suerte) generarán ganancias que se utilizarán de dos maneras: reinversión en la propia empresa o pago de dividendos. Esto dará dos posibles resultados para los inversores: aumentar el valor de las acciones, si el mercado creyera que la firma está bien administrada y la inversión generará más ganancias en el futuro, o recibir una determinada cantidad de dinero en forma de dividendos. El primer resultado ya es un factor de capitalización de tipo interés compuesto, ya que es una reinversión en una operación rentable. En cuanto a los dividendos, se pueden sumar a los ahorros habituales y reinvertirlos mediante nuevas adquisiciones en el S&P 500.

El efecto del interés compuesto se puede replicar con cualquier inversión generadora de ingresos. Se pueden reinvertir los dividendos de las acciones, los cupones de los bonos o incluso el alquiler de una casa que tienes publicada en Airbnb (una plataforma de software dedicada a la oferta de alojamientos a particulares). El factor crucial es colocar las ganancias nuevamente a las inversiones.

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